viernes, 26 de abril de 2013

LUNA DE ABRIL

Sentí la luna cada vez mas cerca,
Y tu corazón cada vez mas lejos,
Sentí
la luna cada vez mas mía
Y tu beso enajenado y escaso,
Sentí la luna
parlotear sobre mi frente
Y tu seno tibio ido a otra boca,
Sentí la luna brillante y osada/
Arrojarme la eterna vía láctea de su leche
Y tu, 
lux mortecina, pálida, apenas perceptible. 

Apago la noche y enciendo
la lámpara de mis insomnios
Dejo morirme en la mas dulce de las agonías
Y con los ojos terriblemente abiertos
Como dos lunas.

sábado, 9 de marzo de 2013

EL FLACO INOLVIDABLE

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No suelo dar a conocer mis poemas corregidos. En general no publico nada que no sea para mis amigos más dilectos, pero el 8 de febrero se cumplió un año de la partida del flaco, y yo podrido con el trabajo entre otros menesteres, que no me dio tiempo de revisar este poema prometido a mi buen amigo Juan Carlos Cárdenas Candiotti, eximio músico y también fanático de Spinetta.  Aquí che Juanquita, ahora convertirlo en música. Deuda cumplida.

Lucho


DIOSES MORTALES,  HOMBRES ETERNOS 
(Para Luis Alberto Spinetta)


Acaso te rendiste ante las zancadillas que el destino,
Entre las puertas y al pie de las escaleras,
Se apresuró en trabarte?

Acaso tú flamígera bandera ha sido atrapada,
En medio del fuego cruzado de la vida,
Desde el lugar desde el cual disparas rosas a mansalva?.

Acaso has dejado a un caer tu guitarra o tus manos,
Donde yacen los cadáveres de los días,
Rendida en batallas donde no se hacen prisioneros?.

Dónde quedaron los cuerpos inmanentes
Que flotaban en la lava volcánica
Erupciones que ocultan cien días sin sol?

Allí está el infortunio
En medio de una pila de naipes desgastados por el azar
Colillas quemadas a medio fumar
Y sonrientes botellas arrojadas por la pleamar.

Dioses mortales, finitos, etéreos
Prisma opaco que no refracta la música de las esferas,
Hombres eternos, arena suspendida en el tiempo,
Escultura en piedra, grabado que repuja las estrías de mi corazón.

Dónde puedo hacer de tu voz
La singular colación de todos los astros,
Dónde he de encontrarte otra vez?.

Luis,
Luis Alberto,
Luis Alberto Spinetta,
Te marchaste,
Con tus lentes invictos y una partitura inconclusa,
Alineadas tus guitarras te tributan su último acorde
De fiesta y luto.

Adiós genio,
Adiós,
Silente el eco de tu voz,
Te vas solitario y feliz,
Taumaturgo del dolor,
Rasgando tus cuerdas,
Llévate dos rosas y una sinfonía de Piazzolla
Y en medio de todo,
El corazón de un pibe pobre
Que ha tatuado en sus oídos
Tus obras completas.

Adiós flaco, desnúdate totalmente de blanco, pinta tu alma de púrpura,
Sé mi fantasma,
Pero antes cántame de nuevo tu canción favorita,
Déjame tu póster de feria, tus gafas de miope, tus cuerdas rotas,
Adiós, camina despacio, y no corras en el coche
No te apures,
Pues nada podrá la noche
Frente el fulgor de tu estrella
Que mortecina y azul
Todavía nos alumbra.

miércoles, 21 de marzo de 2012

LA PALABRA ALADA


La poesía es

Tan sólo

Como una mariposa,

Del huevecillo a la larva,

De la simple palabra al verso,

Del verso al poema,

Pero como las mariposas

Su vida suele ser efímera,

Como la mariposa que sale de su crisálida,

Despliega sus alas de inmaculada belleza,

Realiza su vuelo inaugural y trágicamente único

Y luego muere.

Habrá servido tanto trabajo de la naturaleza para un breve instante,

Sí, mil veces sí,

Al final la palabra se dice, y se olvida,

Pero el poeta no escribe como quien hace un monumento en piedra,

Lo hace para suscitar el sentimiento, para liberar la emoción,

Para hacer pensar a quien la lee sobre una idea trascendental,

No importa que la mariposa muera al minuto de su vuelo tornasol,

Allí está

Su develamiento al mundo de la vida,

Aun a costa de su muerte.

domingo, 26 de febrero de 2012

LA APACIBLE TORMENTA


En memoria de Alberto Delgado Araoz

Tenía la alegría simple
Como las tardes
De fútbol y frutillada,
De música y abrazo luego de darse
De ramalazos en la cancha de tierra,
En algún lugar de tu Cusco,
Antigua Ciudad,
Que aprendió de tu paso tranquilo,
De tu serena mirada,
Silbo contigo tus canciones de verano,
Compartió tu lonchera y
Tu sonrisa breve
Cuando fuiste el campeón de las canicas
Pero nunca dejó de estudiar
Colegial palomilla
En los exámenes finales
El primero de la clase,
Chanconcito!

Y cuánto podemos decir,
De cuando adultos
Podíamos conversar por horas,
De tanto temas, tantos,
Y podía acabarse el trago,
pero jamás
La discusión
Abierta y apasionada,
Pero nunca aleve,
Donde todos terminábamos
Siempre
Siendo más amigos
Con una guitarra en la mano,
Entonandonos los waynos,
y harawis de tu tierra milenaria.

Tu mirada iba más allá de los problemas,
Pues cuando las papas quemaban
Allí estabas tú,
cavilando soluciones,
concertando corazones,
discrepando,
Pero cuidando el camino
de unidad,
Sin desmayo,
Como la oración devota del domingo,
Allí estabas tú
infallable,
tesudo,
impenitente,
pues sabías como ninguno
el arte del entendimiento.

Y aqui estamos ahora,
Recordando
tus recuerdos,
pocos pero limpios,
que nos dicen ahora
que ya no te veremos más,
en las reuniones,
plumón en mano,
escribiendo con tu letra cuidada
de educador cristiano,
las eternas enseñanzas
de amor y paz.




miércoles, 8 de febrero de 2012

DIOSES MORTALES, HOMBRES ETÉREOS








Acaso

Te rendiste

Ante las zancadillas que el destino,

Entre las puertas

Y al pie de las escaleras,

Se apresura a trabarte.


Acaso

Tu flamígera bandera

Ha sido atrapada

En medio del fuego cruzado de la vida.

Dónde quedaron los cuerpos inmanentes

Que flotaban en la lava volcánica

En los días que erupcionaban sin sol

En medio de una pila de naipes desgastados por el azar

Colillas quemadas a medio fumar

Y botellas sonrientes

Arrojadas por la pleamar.


Dioses mortales, finitos,

Prisma opaco que no refracta la música de las esferas,

Hombres etéreos, arena suspendida en el tiempo,

Dónde puedo hacer de tu voz

La singular colación de todos los astros.

Y así tú,

Luis,

Luis Alberto,

Luis Alberto Spinetta,

Te marchaste,

Con tus lentes invictos

Y una partitura inconclusa,

Alineadas tus guitarras –una junto a otra- te tributan su último acorde

De fiesta y luto.


Adiós genio,

Adiós,

Te vas solitario y feliz

Rasgando tus cuerdas,

Adiós

Llévate dos rosas y una sinfonía de Piazolla

Y en medio de todo,

El corazón de un pibe pobre

Que ha tatuado en sus oídos

Tus obras completas.


Adiós flaco,

Pero antes cántame de nuevo tu canción favorita

Déjame tu poster de feria,

Tus gafas de miope,

Adiós, camina despacio

Y no corras en el coche

No te apures,

Pues

Nada podrá la noche

Frente el fulgor

De tu estrella

Que mortecina y azul

Todavía nos alumbra.


Tu tocayo,

Elepé

domingo, 4 de diciembre de 2011

OXÍMORON DEL HOMBRE DE ACERO


La vida es, tan sólo
un oxímoron,
Un absurdo,
Un contrasentido.
Como por ejemplo,
digo yo,
creí que era el hombre de acero
Incapaz de sentir dolor
De experimentar el sufrimiento,
La tristeza.
Pero cierro los ojos al sol que me acuchilla con sus rayos,
bendigo la ceguera que en la noche me deslumbra,
Nada especial he sido ni seré
Apenas,
aquel que plantó el árbol, que engendró los hijos, que pergeñó el libro,
Y de nada sirvió tanto ritual,
Hoy yacen dispersos los despojos de mi árbol caído,
alejado del destino de mis hijos,
olvidadas las hojas de mi libro,
Y envidio la suerte de aquellos
que nunca hicieron de la vida
el absurdo de vivirla
para cumplir las convenciones sociales
prefiriendo emprender
el viaje definitivo
para buscar
ese bucólico "mundo bajo los párpados"

sábado, 24 de septiembre de 2011

EL ADIOS DEL GUERRERO DEL ARCO IRIS




En memoria de Pablo Neruda, quien nos dejó en Primavera




Han pasado muchas lunas


Capitán,


Muchos océanos has recorrido desde entonces,


Escalaste tifones y tormentas


Caminos sin mar,


Noches eternas


Y sin estrellas


Alcanzaste a divisar la felicidad con tu viejo catalejo


Pero el miasma de la tristeza


Te impidió alcanzarla.


Ahora ha llegado la hora de partir,


Y tu gorra marinera quedará colgada sobre el catre de bronce donde yaces inerme


Impecablemente solo,


Pero la playa ha de cubrir tus huesos con la arena caliente,


Más nada atenúa tu dolor,


Con el sabio consejo de las sirenas y tritones


Bebiste el ardiente destilado


De la ausencia


Y ni una sola lágrima asomó en tu defensa


Allí en ese vacío de tu herido corazón


Que borboteando resume tu atribulada canción.




He vivido la vida,


Sin medida, sin reposo,


Mi pecho atesora una pena enorme como un coloso,


Es cuando decidí


Surcar los caminos imposibles del sueño eterno,


Del cual no es posible volver.


Me desangro en la mar,


Lentamente mi sangre bulle por la encrespada sinfonía de tus aguas,


Y al llamado de miles de gaviotas




Que locas se alejan de las rocas,


Para caer ebrias del desconsuelo sobre el muelle astillado de mi delirio,


Sumergiéndose en la arena donde me encuentro ahora


Dsnudo, herido de muerte,


Sin un tabaco que encender para atenuar este fuego que corroe mi vientre,


Ni el vestigio balsámico de tu mirada


O quizá la leve sonrisa que me ofrecían tus manos.


Cuando la metralla innoble de los adioses


Me arrancaba el pecho en tirones.




Parto con la mirada firme,


Con el mástil pletórico de velas,


Sopla el viento escarlata


Y sacude la tierra


Para sepultar el narval herido


Que siento coletear sobre las algas


Pero mis brazos no alcanzan a recoger


Ningún rastrojo de más de la ingrata vida que me asiste,


Sólo quedan en mi mesa


Los mendrugos ácidos de mi última cena,


Y un buche de vino bermejo


Con el cual endulzar mis labios resecos


Antes de partir



Apenas tengo las fuerzas para escribir


Este último poema


Mientras termino de abotonarme la guerrera


Y cargar mi viejo mosquete,


Para empuñar mi antigua alegría.



Unas alas de nube me visitan,


Un velero de sol atraca en mis espaldas,


Mientras las olas se despeinan al besar mi proa


Y la última de las estrellas que no ha estallado sobre tu cielo


Me invita con su guiño luminoso


A seguir en combate,


Pero ya no puedo sino cruzar espadas con el infortunio


Solo quiero que dejen que el mar lave mis heridas,


Y lamer la sal del sudor que me hiela la frente.




Parto hacia el bien morir,


A dejar en la última batalla


El aliento invicto de mis sueños,


Aprisiono mi sombrero en mi costado


Sangrante y lacerado,


Y dejo sobre mi lecho,


La última misiva


Del guerrero del arco iris,


Aquel que solo vivió para la poesía


Y el amor.